Maestro del Mes

LAO TSÉ

 Lo Absoluto

EL Tao

El Tao da origen al Uno.

El Uno origina al yin y el yang.

El Yin y el Yang originan todas las cosas.

Ahora olvida esto.

El Todo completo es el Todo completo.

Y también lo es cualquier parte del Todo completo.

Ahora, olvida esto.

El sufrimiento y la felicidad son, simplemente, estados del ego.

Olvida el ego.

El tiempo y el espacio cambian y se disuelven: no son estáticos ni reales.

Pueden ser utilizados de modo accesorio, pero no pienses en ellos.

Seres sobrenaturales sin forma extienden su fuerza vital a través del universo

para apoyar a otros seres, algunos de los cuales tienen forma y otros, no la tienen;

Pero no te preocupes de esto:

lo sobrenatural es simplemente parte de la naturaleza, tal como lo natural;

La verdad sutil no destaca a ninguno de ellos e incluye a ambos.

Toda verdad se encuentra en el tíai chi:

para cultivar mente, cuerpo o espíritu, simplemente equilibra las polaridades.

Si la gente comprendiese esto, la paz mundial y la armonía universal surgirían de modo natural.

Sin embargo, olvídate de intentar comprender y armonizar y unificar todas las cosas.

El universo ya es un Todo armónico: simplemente, dáte cuenta de esto.

Si te agitas en busca de la paz interior, perderás tu paz interior.

Comentario:

Este escrito no se halla en el Tao te Ching: pertenece a la tradición oral del Taoísmo. Es un estupendo resumen de lo que transmite esta tradición y el espíritu de Lao Tsé: verdades fundamentales (Seres sobrenaturales sin forma extienden su fuerza vital a través del universo para apoyar a otros seres, algunos de los cuales tienen forma y otros, no la tienen) que deben ser tomadas con una actitud relajada, no-seria, sin fanatismos ni polarizaciones (Pero no te preocupes de esto). No te lo tomes en serio. No le des importancia. No lo transformes en una filosofía. No te hinches de importancia porque sabes estas cosas. Contáctate con las verdades simples del día a día.

Otro ejemplo,

El Todo completo es el Todo completo.

Y también lo es cualquier parte del Todo completo.

Ahora, olvida esto.

He escuchado esto en varias fuentes. El Todo (todo lo existente) es, obviamente, todo lo existente (aquí hay sutilezas en las que no voy a entrar, como por ejemplo, que eso incluye lo que aún no tiene forma). Y ñy aquí viene la parte difícil- cada parte (cada uno de nosotros, por ejemplo) es también el Todo. Incomprensible para la mente: ¿cómo puede ser uno una parte del Todo y también ese Todo completo? Y, más que eso: no somos “humildes pecadores”, somos Dios. Esa sí que es una rueda de carreta difícil de tragar. Varios sabios pagaron con su vida el proclamar esto. Sin ir más lejos, Jesús.

Cuando Jesús ñcuando ya su vida pendía de un hilo- tiene el incomparable valor de proclamar su verdad ante el Sanhedrín (el consejo de sacerdotes judíos de la época): “Mi padre y yo somos Uno”, sella su destino y se decide su crucifixión. Naturalmente, el cristianismo no habla mucho de esta frase extraordinaria: “Mi padre y yo somos Uno”, porque creo que simplemente no pueden asimilarla. Han preferido endiosar a Jesús, convertirlo en el “único Hijo de Dios, enviado a la Tierra a salvarnos” que simplemente rescatar lo que Jesús estaba declarando: cada uno de nosotros es Dios, no sólo él. Él tuvo la valentía de darse cuenta de esto y declararlo públicamente, aún a riesgo de su vida.

Y Lao Tsé, ¿qué dice?

Ahora, olvida esto.

No lo atesores en la cabeza, no lo conviertas en alimento para la mente. No le des importancia. Ese hombre debe haber sido tan simple: sin aspavientos ni pretensiones. Un “dragón”, claro ñcomo lo definió Confucio, al parecer, aterrado de su único encuentro- y probablemente, sin tiempo que dedicar a las falsedades y apariencias que al común de los mortales inquieta tanto; pero directo y simple.

Para cultivar mente, cuerpo o espíritu, simplemente equilibra las polaridades.

Tan simple. No hay espacio para fanatismos o excesos. Ni el ascetismo ni el libertinaje ño ambos, bien equilibrados-; ni convertir a la mente en un totem ni intentar destruírla; ni ser mucho de este mundo ni del otro. Una lástima que, en nuestro temor e ignorancia, los humanos no demos más espacio a perspectivas como ésta.

 

 

Alejandro Celis H.

 

 



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