Maestro del Mes

LAO TSÉ

Del Tao te Ching (párrafo 52):

 

Toda la creación tiene un origen común

Este origen común

Es la Misteriosa Madre de todo.

Si conocemos a la Madre, podemos conocer su descendencia.

Conoce la descendencia, pero permanece con la Madre,

y la esencia de tu vida nunca se verá agotada,

aún cuando tu cuerpo se disuelva.


Sella las aperturas, cierra las puertas

y hasta el fin de tus días no te verás agotado.

Abre las aperturas, multiplica tus actividades,

y hasta el fin de tus días no tendrás remedio.


Se dice, por tanto:

percibir lo sutil es tener verdadera visión.

Ser suave es ser realmente fuerte.

Utiliza la luz externa, pero regresa a la interna.

De este modo, restablecerás tu virtud integral,

y te protegerás de todo daño.

 Siempre es un salto interpretar al Tao te Ching; es un salto porque supongo que las formas de entenderlo son múltiples, y de allí las dificultades que experimentan los traductores con el texto. Es bueno tener en cuenta que, al enfrentar un texto en español, ya nos encontramos con una interpretación: la del traductor del texto original chino. Es, en todo caso, un ejercicio que me resulta muy placentero, puesto que para comunicar cómo me resuena un texto determinado, tengo que conectarme conmigo mismo a un nivel inhabitual. No son textos para la mente: son textos para el ser, para ese nivel de nosotros que se halla más allá -o debajo de, si se prefiere- del barullo mental habitual que compara, comenta, diseca, evalúa y critica, generalmente utilizando elementos que no vienen al caso en esa situación particular.

Yendo al texto:

Toda la creación tiene un origen común

Este origen común

es la Misteriosa Madre de todo.

 Hallo refrescante y simplificadora esta idea -sé que no es sólo una ÒideaÓ, pero no sé qué otro nombre ponerle-. ¿Y por qué? Porque la dualidad en que vivimos continuamente -que es como percibimos y pensamos- es agotadora. El Mal, el Bien; el Diablo y Dios. Cuentos de Hadas que nos enseñaron cuando niños; aún hoy, generan mucho conflicto. Mahometanos, Judíos, Católicos, Hindúes y Protestantes -principalmente- se destrozan, entre otras cosas, por creer que el Dios al que adoran es diferente del que adora el otro. Y entonces, en la firme convicción de que Òla letra con sangre entraÓ, ¿qué mejor que partirle la cabeza al otro para convencerlo?

 Todo, todo lo que vemos -visible o invisible- proviene de la misma Fuente, a pesar de los contrastes que creemos ver. Es el mismo el origen del violador y de quien es violado; de la Tierra que saqueamos y de quien la saquea; del victimario y de la víctima, de negros, amarillos, blancos o indígenas.

Si conocemos a la Madre, podemos conocer su descendencia.

Conoce la descendencia, pero permanece con la Madre.

 Quedarse con las apariencias es lo que genera todo conflicto: las diferencias son aparentes, nuestro origen es común. Los sentidos engañan, polarizan y distinguen; el corazón descubre las similitudes y resuena con la esencia que descubrimos en todo. Si recordamos la ÒmadreÓ común, la fuente de la diferencia aparentemente insalvable desaparece.

y la esencia de tu vida nunca se verá agotada,

aún cuando tu cuerpo se disuelva.

Sella las aperturas, cierra las puertas

y hasta el fin de tus días no te verás agotado.

 Recordar el Origen es algo que no se nos enseña a hacer. Se nos enseñan los ritos y a adorar a determinados personajes, en quienes suponemos encontraremos la paz y la redención. Creo que de lo que habla es Tao te Ching es de una vía más directa: Òpermanece con la MadreÓ -recuerda el Origen único- Òy la esencia de tu vida nunca se verá agotadaÓ. Creo que no nos conectamos con el Origen a través de ningún rito en particular, sino en aquello que nos hace sentir en paz y conectados con nosotros mismos. Eso puede ser diferente para cada uno de nosotros. Lamentablemente, pienso que las vacaciones debieran tener esa finalidad. Digo ÒlamentablementeÓ porque creo que rara vez la cumplen. No sabemos descansar, no sabemos hallar nuestra propia paz interior, no sabemos detener el frenesí y la enajenación en que la mayoría de nosotros vive.

 No sabemos Òsellar las aperturas, cerrar las puertasÓ, porque hemos sido criados en medio de una feroz sobre-estimulación sensorial. El ruido ensordecedor de las ciudades, de la TV, de la radio, de la música a todo volumen, las imágenes de TV, computadores, de los efectos especiales en el cine, y la creciente desconexión emocional con todo eso -montones de muertes y tragedias ÒvirtualesÓ-: todo eso embrutece nuestros sentidos y nos desconecta del corazón y de nuestra sensibilidad básica.

Abre las aperturas, multiplica tus actividades,

y hasta el fin de tus días no tendrás remedio.

 Ya no sabemos descansar de veras, ni apreciar el silencio, el aire puro o la conexión con la naturaleza: pondremos música, gritaremos a todo pulmón o nos pondremos a fumar.

Sella las aperturas, cierra las puertas

y hasta el fin de tus días no te verás agotado.

 Esto implica, a mi entender, no una vida monástica o inactiva, sino simplemente buscar continuamente -aún en medio de nuestras actividades cotidianas- la conexión con ese Origen. La forma, nuevamente, es personal; quizás la mera y genuina intención de permanecer conectados es suficiente; quizás, además, cerrar los ojos por unos instantes o respirar más hondo mientras se busca esa conexión.

Se dice, por tanto:

percibir lo sutil es tener verdadera visión.

Ser suave es ser realmente fuerte.

Utiliza la luz externa, pero regresa a la interna.

De este modo, restablecerás tu virtud integral,

y te protegerás de todo daño.

 ÒLo sutilÓ es, a mi entender, el origen común, la Madre de todo. Percibir eso, permanecer en contacto con eso es Òtener verdadera visiónÓ. ÒUtiliza la luz externa, pero regresa a la internaÓ... la misma idea. El Buda dijo, ÒSé una luz para ti mismoÓ. Las luces externas pueden ser muy útiles a veces, pero de nada nos servirán si no nos ayudan a conectarnos con la propia, que es nuestra Òvirtud integralÓ.

 La última frase es engañosa: Òy te protegerás de todo dañoÓ, y creo que no debe ser interpretada de modo literal o simplista. Una creencia simplista supone que una vida íntegra impide que nos roben, que tengamos dificultades o que enfermemos, y pienso que eso no es así. Esas cosas forman parte de la vida que vivimos en este planeta, y les ocurren a todo el mundo, no sólo a quienes supuestamente se lo merecen por su mala conducta. Pienso que Òtodo dañoÓ se refiere a algo más esencial, que es desconectarnos de nuestra verdadera esencia, enajenarnos de ella al punto de ser una maldición para los que nos rodean y para el planeta -un fenómeno que, lamentablemente, no es tan excepcional en estos días-. Si permanecemos conectados con nuestra Esencia, nuestro Ser, nuestro Origen común, Òreestableceremos nuestra virtud integralÓ, la Virtud, la Armonía y la Gracia que son nuestra misma Esencia.

 

Alejandro Celis

Abril 2002

 

 



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