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Uno Mismo Chile, Enero 2010 Alice Thomas y Alejandro Celis, Por Tatiana Vega P. Dos psicólogos cuyos nombres –cada uno por su lado y también juntos- forman parte ya de la historia de esta profesión en Chile. El detalle de su desarrollo profesional no cabría en estas páginas. Ellos han sido y siguen siendo verdaderos pioneros en un campo que hace algunas décadas apenas se intuía: la psicología humanista y transpersonal. Alejandro Celis, psicólogo de la Universidad de Chile, y Alice Thomas, de la Diego Portales, crearon en 1997 el Instituto de Expansión de la Consciencia Humana, y desde ahí ofrecen postítulos en Psicología Transpersonal, de dos años de duración. En la actualidad, están dando cuatro postítulos, dos de ellos en Santiago, uno en Antofagasta y otro en Concepción. Dos veces al año ofrecen cursos de Eneagrama. Muy conocido por sus certeros “despotriques” desde sus columnas de Uno Mismo y desde cualquier espacio en que tenga tribuna (como las cartas de los lectores en diarios y revistas) contra la sociedad de consumo en que vivimos y ante mil y una situaciones de injusticia e inconsciencia, Alejandro ha escrito libros, ha traído maestros espirituales a Chile y ha participado en numerosas actividades relacionadas con la expansión de la conciencia en nuestro país, además de escribir una columna mensual en Uno Mismo. También hace clases en una Universidad. Alice co-participa en el Instituto de Expansión de la Consciencia Humana dando clases en los cursos en Santiago y también atiende pacientes en clínica individual. Además, trabaja en Astrología y en formación de astrólogos. Desde hace 13 años, participa en un grupo sufi dirigido en Chile por Gastón Fontaine, y desde Turquía por Refik Algan. “Y siempre estoy estudiando por gusto –agrega-, pero, no me está cundiendo tanto, porque soy mamá también, y trato de estar lo más que puedo con mi hija Mariana”. -¿Cómo llegó cada uno de ustedes a la psicología transpersonal? ¿Qué los motivó a elegir este ámbito de desarrollo? -Alejandro: Desde muy temprano (a mediados de los 70) lo transpersonal me eligió a mí, ya que estuve en contacto con personas como Ana María Noé, Gonzalo Pérez, Ada Contreras y luego Héctor Fernández -, todos estaban en el Instituto Arica de Oscar Ichazo-, que habían dado ese salto desde lo psicológico hacia lo espiritual, lo cual me hizo cada vez más sentido, porque en ese tiempo comencé a tener muchas experiencias místicas, de trascendencia, en las que encajaban todos mis anhelos, intuiciones y comprensión del mundo. En ese marco, lo meramente psicológico, sin misticismo, me resultó cada vez más pobre e incompleto. -Alice: No recuerdo un hito en particular… Fue entramándose en los últimos años de universidad, sin un nombre... Recién salida de la universidad el 91, concreticé ese interés al estudiar Tarot con Carmen Balmaceda y Astrología con Gonzalo Pérez, pero aún los veía como intereses separados de la psicología. Luego, me emparejé con Alejandro, que estaba ya involucrado en la psicología humanista transpersonal y él me estimuló –y “cateteó”- para que yo integrara ese interés con la psicología, y desarrollara capacidades como la intuición. Sin su estímulo constante, creo que me habría demorado mucho más en juntarlos y no me habría atrevido a mostrarme así no más. La cosa iba para largo… - Y ¿cómo se conocieron? ¿Cómo fue el enamorarse? -Alice: Tal cual, así pasó. Muy desde el inicio hubo algo que estaba más allá de cómo actuásemos. Cómo actuábamos era una cosa y lo que sentíamos era otra; suena disociado, lo sé, pero es lo que provoca el miedo a la intimidad, un miedo que los dos teníamos. Una vez que fuimos madurando en esta relación y dando más espacio a la aceptación que siempre hemos sentido, el enamorarse ha sido un continuo, que mientras más maduramos va siendo cada vez más grato. - Alejandro: No tengo ninguna ilusión respecto al crecimiento de esta corriente, ni siquiera del Humanismo. El mundo está tan distorsionado que son poquísimos los que están dispuestos a detenerse unos instantes para de veras escuchar(se) y examinar la vida que llevan. -Alice: Dentro del gremio de los psicólogos, aún no es bien considerado. No es culpa del gremio; más bien, los psicólogos transpersonales no nos identificamos tanto con el gremio y eso hace que se produzcan pocos intercambios. En la sociedad, en cambio, hay un interés más abierto, una curiosidad más abierta. Desde el interés en “consumir” un nuevo producto -que hay mucho-; el interés por cuestionar normas, creencias, costumbres y tabús sociales -de eso hay bastante menos-, hasta los interesados por el cambio interno más radical o sincero, por escuchar la voz interna o los llamados internos y perseverar en ellos. Eso requiere de muchísimo más compromiso, y son muchos menos. Creo que el lenguaje que hoy en día puede hacer más eco y llegar más directo, para comenzar a descubrir y más adelante vivenciar valores intemporales, se encuentra en los hallazgos de la física cuántica y la neurociencia que transmite un Joe Dispenza, por ejemplo. Un intercambio e integración de la espiritualidad y la ciencia que el mismo Dalai Lama está propiciando. Allí la psicología transpersonal tiene mucho por hacer. Escuchar la propia verdad -¿Qué es para ustedes lo transpersonal? ¿Hasta dónde abarca? - Alejandro: Para mí, éste es un modo de vida. No una filosofía, no un set de ideas, sino que implica tener ciertas prioridades en la vida que uno lleva. Por ejemplo, favorecer el escuchar la propia verdad, favorecer la VERDAD en todas sus formas y desarrollar un auténtico respeto por la vida, también en todas sus formas. Esto, por supuesto, puede también mal entenderse y creer que, si favorecemos la vida, los humanos tenemos que reproducirnos ilimitadamente, como conejos. Creo que todas las formas de vida son importantes –no sólo la humana- y con nuestro crecimiento exponencial y desquiciado estamos aplastando muchísimas otras formas de vida. Y creo que también implica no conformarse con sobrevivir, sino buscar la continua expansión de nuestras posibilidades. -Alice: Me gusta la manera en que lo expresa Alejandro: como un modo de vida. Coincido 100% en eso. Lo transpersonal es la dimensión espiritual; eso siempre ha existido, va más allá de la religión o la psicología. Abarca muchísimo y nace desde lo interno. Y si bien esa dimensión no se puede ‘psicologizar’ o reducir a lo psicológico, la psicología -en general- ha hecho un aporte concreto en el estudio del ego. Hoy sabemos mucho más cómo se forma y opera el ego; casi nadie niega la existencia del inconsciente, los efectos del condicionamiento y el apego, y los mecanismos de defensa, como tampoco la formación de la identidad. El desarrollo de la espiritualidad requiere que “seamos del mundo sin serlo”, como dicen los sufis, pero para lograrlo necesitamos tener un ego sano, que tenga también capacidad para hacer frente al mundo y a las crisis espirituales. -¿Qué papel sienten que han desarrollado ustedes en la psicología transpersonal en Chile? - Alejandro: Creo que ha sido claramente un papel importante, difusor, de la corriente. Pero no inventamos nada y hay muchas personas muy valiosas que abrieron camino antes en el país, algunos muy notorios –como Claudio Naranjo o Francisco Huneeus, especialmente de la corriente humanista- y otros más quitados de bulla, como la misma Ana María Noé, con quien trabajamos en el Instituto. Creo que nuestro mérito ha sido atrevernos a ser originales, exponiendo el enfoque enteramente desde nuestra experiencia directa y no desde los libros. Y en ese sentido hemos encarnado lo que enseñamos. Alice: Yo difundo muy poco y no siento haber sido pionera tampoco en nada. Pero sí he buscado que exista un lenguaje lo más sencillo posible y que la espiritualidad no se transforme sólo en un voladero de luces, sino que las personas que asisten a terapia y los cursos sientan que pueden encontrar un lugar donde vivir su cotidianidad de manera más auténtica y aceptadora de ellos mismos y de los demás. Y en eso hemos intentado ser congruentes. Desenmarañar el ego -¿Cómo se amalgaman lo espiritual, lo energético, lo corporal y lo psicológico en la terapia que ustedes desarrollan? ¿Y en la formación de terapeutas? -Alice: Luego de hacer tantos cursos de formación, tenemos un modelo de trabajo en que intentamos que la vitalidad se desbloquee, en ocasiones a través del trabajo corporal, pero la mayor parte de las veces ‘desenmarañando’ el ego, lo que implica mayor honestidad. Y cuando te miras honestamente ya no hay resistencia ni nada que proteger; eso de inmediato libera energía vital. Una vez que se desbloquea la energía vital, se trabaja más sutilmente en la autenticidad y la aceptación y en la presencia, porque la persona está más presente y con más energía disponible. Cuando la persona comienza a aceptar más su verdad, a decir Sí a lo que está vivenciando interna y externamente, comienza a hacerse cargo de su vida; su conciencia comienza a expandirse y el ego se torna mucho más permeable o nítido, como un espejo que puede reflejar aspectos más sutiles de la realidad. Pero, este último proceso muchas veces no llega a ocurrir en los dos años de trabajo en grupo, sucede más adelante si la persona persevera. Lo importante es aprender a decir Sí, a aceptar y a no luchar con la propia verdad. -La Wikipedia define la psicología transpersonal como “un paradigma de la psicología cuyo objeto de estudio son los estados no ordinarios (o alterados) de conciencia que trascienden el estado de vigilia y el cambio propiciado por dichos estados en la conciencia ordinaria”. ¿Están de acuerdo con este concepto? -Alice: Yo no diría que la psicología transpersonal se enfoca sólo en los estados no ordinarios, sino que los integra dentro de la gradiente posible de estados de conciencia. Hoy también hay mucho interés en el desarrollo del ego y en la desidentificación. A aquellas experiencias que corresponden a estados expandidos y que involucran un desarrollo mayor de responsabilidad, compasión, comprensión de la realidad y entrega a la dimensión sagrada de la vida, las “despatologiza”, ya que la mirada psiquiátrica tradicional tendía a verlas como patologías. Por ejemplo, muchas experiencias transpersonales que se vivencian como la interrupción de identidad con el yo habitual y donde lo observado y el observador son lo mismo, se han diagnosticado desde la psiquiatría como desórdenes de disociación. No es que no haya que descartarlo, pero también pueden ser un paso a un estado superior del desarrollo humano, y esa posibilidad la abrió la psicología transpersonal, por su interés en los estados no ordinarios de conciencia. -Alejandro: No estoy muy de acuerdo con esa definición. Creo que más bien el asunto apunta a la segunda parte: “el cambio propiciado por dichos estados en la conciencia ordinaria”. Para mí, el propósito de esta psicología es transformar la forma en que vivimos: vivir de manera más consciente, amorosa, respetuosa, sensible… con nosotros mismos, con los demás, con el entorno. Si sólo comenzáramos a vivir más sensiblemente con el entorno, quizás salvaríamos este hermoso planeta. Es la forma como vivimos la que nos tiene así como estamos. Por supuesto, los estados no ordinarios son estados en que nos sumergimos en alguna ocasión y que nos indican hacia dónde ir. En ese sentido, son tremendamente importantes, pero no diría que ése es el objeto de esta psicología, porque para mí son eventos ocasionales, y lo que importa es lo que hacemos con eso en el día a día. Despatologizar estados no ordinarios de conciencia -¿Cómo se logran estos estados no ordinarios de conciencia? ¿Con sustancias especiales, con meditación…, con qué? - Alice: No centramos nuestro trabajo o atención particularmente en los estados no ordinarios de conciencia. Más bien nos centramos en que las personas encuentren una manera honesta de mirarse, de hacerse responsables y expandir su conciencia en aceptación y en que transformen su vida y cuestionen su condicionamiento. Esto genera mini-expansiones de conciencia que si bien no son tan espectaculares, son maneras seguras que permiten integrar mejor los conflictos que puedan venir tanto desde el medio como desde la emergencia espiritual. Pero si alguien vive espontáneamente un estado no ordinario de conciencia a través de un trabajo de meditación, sí, lo integramos y lo “despatologizamos”, cuando es el caso. Los estados no ordinarios de conciencia pueden emerger espontáneamente o ser la consecuencia de un trabajo guiado de meditación o de disciplina espiritual. También puede ser provocado por la ingestión de sustancias enteógenas como la psilocibina o el ayahuasca, por ejemplo. -Alejandro: Además de las experiencias espontáneas, que son regalos del universo, pueden ocurrir con psicotrópicos o meditación o rebirthing, por ejemplo, que son formas en que uno “invita” estados como éstos. Pero lo fundamental es que en lo cotidiano favorezcamos permanecer en el presente y soltar el control de la mente… Fácil decirlo, ya sé, pero realmente es fácil. El estar pegados a la mente y a su necesidad de controlarlo todo es un hábito tremendamente enraizado que tenemos… y es un hábito, no una condición inevitable. Y cuando logramos estar atentos a lo sensorial, al cuerpo, a lo que está pasando a nuestro alrededor, y paralelamente nos desconectamos de la mente, empezamos a entrar en otro estado que es, en sí, un estado “alterado”, en el sentido de que no es el habitual estado robótico y condicionado en el que solemos estar, y que, de ampliarse, puede ser extático. -¿Cómo colabora la psicología en la disminución del sufrimiento humano? -Alejandro: Habría que aclarar qué es el sufrimiento y hasta dónde queremos aliviarlo. El Buda afirma que la simple condición del ser humano que NO está despierto –o sea, prácticamente toda la humanidad- implica sufrimiento. Y es fácil verlo en la vida cotidiana: nuestra propia inconsciencia nos lleva a sufrir en forma innecesaria e interminable, por ejemplo en las relaciones humanas, intentando cosas imposibles: que nuestra pareja se interese sólo en nosotros, que cambie según nuestras propias pautas, que solucione nuestros vacíos e inseguridades, etc. Todo destinado al fracaso, desde Adán y Eva. Entonces, la psicología más básica alivia el dolor, sí, nuestras dificultades cotidianas. Ahora bien, si queremos ir a la raíz del sufrimiento, deberemos hacernos preguntas más radicales, y muy pocos estamos dispuestos a eso. Nos dejamos distraer por la vida cotidiana, por la mente… hasta que estamos con un pie en el cajón. La idea es inquietarse antes por el tema. Pero mientras estemos vivos, no es tarde. -Muchos maestros actuales han tenido que pasar por momentos muy difíciles, por no decir tortuosos, para luego despertar. ¿Es necesario experimentar “la noche oscura del alma” para acceder a una expansión de la conciencia? - Alice: No es el ideal. Pero, no me atrevo a decir si es necesario o no pasar por la ‘noche oscura del alma’, pues no estoy despierta como los maestros espirituales. Pero, pienso que si la persona no ha forzado la expansión de la conciencia a través de ingesta de sustancias o ejercicios extremos, puede confiar en que aquello “le llegó” desde su interior. Y si hay madurez, o ego sano, o un maestro que guíe su proceso, entonces, el individuo tendrá las herramientas necesarias para traspasar las dificultades o la crisis y encontrar un sentido a todo ello. Alejandro: La verdad es que, como dije antes, estamos muy, muy dormidos y muy distraídos por los temas cotidianos: la supervivencia, los hijos, los horarios, el qué dirán, las exigencias de los demás, el consumismo… Lamentablemente, muchas veces necesitamos un remezón en verdad profundo para empezar a hacernos preguntas más radicales. Necesitamos una enfermedad catastrófica, una debacle económica, la muerte de un cercano, una crisis de marca mayor. En teoría, esto no es necesario, pero por lo general parece serlo… Hay muy, muy pocas personas que tienen inquietudes realmente profundas y persistentes desde que son niños. Donde el mundo y lo sagrado se unen -¿Qué es para ustedes el “despertar”? ¿Es sinónimo de iluminación? -Alejandro: Nosotros los usamos como sinónimos, aunque en las tradiciones orientales hablan de diversos niveles de esa experiencia –o más bien, estado-. Está lo que podríamos llamar una “ventana”, una experiencia mística momentánea en que percibimos ese otro nivel de la realidad… Puede ser una experiencia muy transformadora, pero es momentánea. Y hay experiencias que pueden mantenerse por bastante tiempo (meses o años), lo que me permite sospechar dos cosas: una, que esto puede ser más un estado que una experiencia y dos, que aunque se transforme en un estado, no hay garantía de que la persona se pueda quedar ahí y dormirse en sus laureles, porque si lo hace, simplemente se saldrá del estado. Pero éste es un tema que seguimos explorando internamente… -¿Cuál sería el peor enemigo en la evolución de la conciencia humana? ¿El ego? ¿La ignorancia? ¿La inconsciencia? - Alice: El ego no puede ser nuestro peor enemigo, aún cuando sé que hay maestros espirituales que lo apuntan como el enemigo. El ego o la identificación a un yo es un punto de partida para el trabajo interno. Si no hay ego con el que partir, no hay trabajo interno. La identificación con un yo o con un concepto de sí mismo rígido que no permite el reflejo de ningún otro aspecto de la realidad es lo que nos hace sufrir. No queremos aceptar obviedades como que nos vamos a morir o que la vida está en constante cambio y movimiento; así, no aprendemos, ni crecemos ni podemos desidentificarnos. -Alejandro: Son tres nombres para lo mismo… La sociedad estimula el olvido de nosotros mismos y la ignorancia. La educación nos llena la cabeza de datos casi enteramente inútiles y muchas veces falsos. Estamos cada vez más conscientes de que los medios nos manipulan: esto ha sido siempre así, al igual que los poderes económicos. La codicia mueve al planeta y la gran, gran mayoría paga el pato. Y la TV chilena, por ejemplo –que es para llorar si uno la recorre, por decir, a las 18 horas- pone su parte para aturdirnos en nombre de la “entretención”. Y el lavado de cerebro que nos hacen de la cuna en adelante nos hace formar un ego que va a ser el programa de funcionamiento de nuestra particular forma de robotización. Hablar desde la experiencia -Formar terapeutas implica una tremenda responsabilidad humana y social. ¿Qué valores debe tener sí o sí un terapeuta transpersonal? - Alice: Valores como sinceridad, integridad, deseo de trascender las mezquindades, hacerse cargo de sus propios actos y ser congruentes con el otro. Y no tomarse tan en serio a sí mismo. -Alejandro: Eso último lo hallo súper importante… Y lo otro: hay tanta basura new age circulando que lo que creo que es exigible para un terapeuta de esta corriente es hablar desde su propia experiencia directa, no desde cosas que repite sin conocerlas realmente. Es preferible decir “no sé” que guiarse por un dogma o repetir como loro. Si no tienes ninguna experiencia respecto a las vidas pasadas, por ejemplo, no puedes asegurar que existen: lo mismo con los chakras, el aura, los maestros ascendidos y todos esos conceptos aparentemente hermosos que circulan. Y no digo que no existan; lo que digo es que no tienen ninguna validez mientras no los experimentemos. Creer o no creer en Dios –que es algo que, por ejemplo, inquieta mucho a los norteamericanos-, es totalmente superfluo. Una creencia es equivalente a NADA. Estamos llenos de ellas y lo único que aportan es contaminación mental: nos alejan de la verdad. Y no hay que olvidar que la mente nos puede hacer creer cualquier cosa… -¿Cuáles han sido o son sus maestros en esta tarea? -Alice: Para mí, los sufis. Gastón Fontaine y Refik Algan han sido predominantemente, mis grandes maestros. Maestros de la dedicación y la paciencia infinita para conmigo. Gastón es además absolutamente inusual en Chile, sincero e íntegro, no es fácil encontrar un guía así. Me han ayudado a madurar la espiritualidad, a entregarme a Dios más confiada y a un ritmo pausado. A tener fe, nada fácil para alguien como yo, que al poco rato pasaba del entusiasmo a la desconfianza y la incredulidad. Del entusiasmo a la flojera, y del voladero de luces a la decepción. Mis papás, mis hermanos y toda mi familia, que aún alimentan el sentido del humor y me ayudaron a no tomarme tan en serio. Mi hija, Mariana, y Alejandro, que me han enseñado a ver que la vida también es un juego. Y en especial, Alejandro, que es un maestro a la hora de confiar en que se puede. Gonzalo Pérez y Carmen Balmaceda, que tuvieron en su momento gran generosidad conmigo y me enseñaron a ser generosa al enseñar. Lucy Krstulovic, amiga que trabaja con nosotros y que me enseñó la importancia de acompañar y acompañarse. -Alejandro: Yo me he sentido sumamente regalado en este plano. Sin duda, los más importantes han sido Bhagwan (Osho) Rajneesh, quien me mostró la posibilidad de aceptarme íntegramente a mí mismo y me reforzó mi ya fuerte irreverencia y anarquismo, mientras me daba una nueva comprensión de la historia de la búsqueda espiritual y de los mensajes de los Maestros del pasado. Y lo más importante: que la espiritualidad se vive en total conexión con la tierra y con el cuerpo, y con el presente. Paul Lowe profundizó esas enseñanzas en un contacto directo muy generoso de su parte, en que fue clave para enseñarme a desconectar de la mente y estar presente. Un verdadero mago Merlín de quien en algunos momentos sentí que me leía por dentro, aún a distancia. Fue un pilar para mí por más de 20 años, y aún seguimos en contacto. Su pareja por mucho tiempo, Ava, fue también una gran fuente de inspiración y complementaba muy bien lo que Paul hacía. Hay muchos otros, porque la vida ha sido muy generosa en este ámbito: Ana María Noé fue de las primeras figuras que me mostró integridad, profundidad y totalidad, y fue mi contacto más directo con el Instituto Arica, donde me removieron todo por 5 años; Adriana de Malloco fue un importante apoyo en el camino a lo trascendente en los 80, y también Tom Heckel, quien me enseñó la importancia de la intención y me guió en la caminata sobre brasas, e Iván Taborga, quien por casi dos décadas ha sido mi homeópata de cuerpo y espíritu. Y hay otros, pero sería muy largo… En un plano más cotidiano, no quiero dejar de mencionar a mi mamá, quien nos crió sola, mostrando una apertura mental y una flexibilidad extraordinarias, además de un gran sentido del humor, una inusual honestidad, y el no habernos lavado el cerebro con ningún dogma. A mis anteriores parejas, Verónica y Margarita, también les agradezco, y a mi pareja actual, Alice, el haberme soportado y apoyado en mis facetas de inconsciencia “dura”, que simplemente me avergüenzan cuando miro hacia atrás. -¿Qué sueños sin cumplir tienen por delante? -Alice: Gran parte de los sueños se me han ido cumpliendo, sólo espero tener más entusiasmo, capacidad y años para agradecer y devolver todo lo que se me ha dado en la vida. Y el único sueño, que me viene ahora, si Dios quiere, es poder ver a nuestra hija, sana y disfrutando su adultez. -Alejandro: Hay días en que todo se ve tan perfecto y me siento tan agradecido que es casi un abuso pedir más, y de verdad no tendría ningún derecho a quejarme si me fuera hoy mismo. Por supuesto, estoy bastante apegado a la vida que llevo, que en muchos aspectos es idílica, así que lo más que quisiera es prolongarla hasta donde se me conceda. (frases para destacar:)
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