"El asunto es simple, pero no fácil"
Paul
G. Lowe
El
espíritu y sello de nuestro trabajo
Se
dice que el amor incondicional es la fuerza más transformadora
que existe. En ese espíritu, la primera y principal característica
que tiñe nuestro trabajo es la aceptación de la
otra persona. Esto tiene varios niveles. Por una parte, por
"aceptación" entendemos un reconocimiento tácito
e incondicional del ser y de la validez de la experiencia y perspectiva
de cada uno. Esto implica que no cuestionamos el valor del individuo;
sí podemos cuestionar, sin embargo, sus percepciones, creencias
e interpretaciones de la realidad que, a nuestro juicio, son producto
de su condicionamiento y que representan, por tanto, una perspectiva
estrecha y contraída en comparación con la que la misma
persona podría experimentar desde un estado de expansión.
Paul
Lowe ha dicho que una de las cosas más terapéuticas
que pueden hacerse es ver (realmente "ver")
al otro y, junto con eso, aceptarlo. Naturalmente, esto
tiene los límites que nosotros, como terapeutas/docentes, podemos
tener: sólo podremos "ver" al otro hasta donde nos
podemos ver a nosotros mismos, y sólo podremos aceptarle hasta
donde nos aceptamos a nosotros. Un requisito inicial que nos planteamos
en el trabajo con el otro es, entonces, establecer un lazo afectivo
que implique un genuino y real interés por ella. Nuestro norte
es, sin embargo, la aceptación
incondicional del otro.
Un
segundo aspecto
que es central y característico de lo que hacemos es que
representa una maduración personal de nuestro propio trabajo
con nosotros mismos. Si bien nos adscribimos al enfoque transpersonal,
no nos limitamos a simplemente presentar los enfoques de Ken Wilber,
Stanislav Grof u otro autor de la corriente. Más bien, lo que
guía nuestro trabajo es nuestra propia comprensión de
la dinámica del sufrimiento humano y de los factores que llevan
a reducirlo y que potencialmente conducen al despertar espiritual
y al término del sufrimiento. Hemos estudiado la carrera de
psicología y buscado respuestas en las personas y lugares en
que hemos creído encontrarlas, lo que nos ha llevado a viajar
-y, por períodos, vivir fuera del país- dentro de Chile,
EEUU, Inglaterra, Alemania e Indonesia. Es así que no
enseñamos nada que no provenga enteramente de nuestra propia
experiencia.
Un
tercer aspecto -que
surge desde el anterior- es que, puesto que lo que enseñamos
surge de aquello que hemos experimentado, nos hacemos absolutamente
responsables de lo que enseñamos. Y sí,
consideramos
que el asunto es simple, pero no fácil: esto significa
que las claves del cambio son simples, pero se requiere de valor y
de motivación para implementarlas en nuestras vidas.
El
enfoque con el cual nos identificamos
La
psicología Transpersonal o Cuarta Fuerza representa la unión
del guía espiritual del Oriente con el psicólogo pragmático
del Occidente. El origen de este movimiento se remonta a fines de
los años 60, cuando el recién surgido movimiento
Humanista -a pesar del importante avance que significó-
le quedó estrecho a los buscadores de inquietudes más
radicales. Fue así que, uniendo los aportes de la psicología
occidental y los de tradiciones espirituales como el Hinduísmo,
el Budismo, el Taoísmo, el Zen o el Sufismo, se fundó
la Asociación de Psicología Transpersonal. El
término trans alude a lo que se halla "más
allá" y lo personal es el ego, la personalidad,
la estructura condicionada -la raíz griega de persona
significa "máscara"-. El interés de los Transpersonales
es, entonces, aquello que, en el individuo, se halla más allá
de lo condicionado: qué es este ser en lo esencial, qué
es lo que hay en él aparte de sus registros de condicionamientos
en esta vida y en las anteriores; y, también, el dominio de
lo místico, de la consciencia universal.
El
contacto con el Oriente permitió tener acceso a antiguas enseñanzas
de filósofos y Maestros -por ejemplo, Buda, Lao Tsé,
Krishna, G. I. Gurdjieff, Krishnamurti, Ramana Maharshi- las que,
a lo largo de la historia humana, han sido traducidas a principios
descritos en las "sagradas escrituras" de cada religión-,
y que se expresan en lo que Aldous Huxley llamó
Filosofía
Perenne.
Algunos de los textos en que se encuentran estas enseñanzas
son, por ejemplo, el I Ching y el Tao te Ching, los Sutras
Budistas, los Upanishads, los textos Sufis, los Yoga Sutras,
el Bhagavad Gita y los dichos e historias del Zen. Todas estas
tradiciones sostienen que, si bien la vida -tal como es habitualmente
vivida- es amarga, existe una salida al sufrimiento.
Importantes
precursores de este movimiento son Víktor Frankl, C.G. Jung,
Aldous Huxley y Alan Watts; actualmente, los principales expositores
de esta línea dentro de la psicología académica
son, entre otros, Frances Vaughan, Stanislav Grof, Charles Tart, Claudio
Naranjo, Elisabeth Kübler-Ross, Roger Walsh y Ken Wilber.